Las señales

10 Oct

Coger la guagua cuando uno está pasando por una ruptura amorosa es una experiencia deprimente. No sólo por el mero hecho de coger la guagua (i.e. esperar el autobús en una parada sucia bajo el calor infernal de Puerto Rico —o la lluvia, take your pick—, estar ensalchichao entre el tecatito que se está durmiendo casi encima de tu hombro y la mamá adolescente con el bebé llorando), sino también por la “vista panorámica” del viaje. Me explico: cuando uno está enamorado, todo parece una señal que confirma tus sentimientos happy happy joy joy. Tres meses después, te das cuentas que las señales lo único que marcan es tu fracaso. Entonces, coges la guagua y te das cuenta que este mundo —al menos desde el punto de vista publicitario— está diseñado para dos: pasas por una mueblería, y el anuncio presenta a una pareja feliz comprando una lámpara; pasas por la farmacia, donde anuncian un perfume con una pareja envueltos como burritos de carne en la playa; en la pared hay un poster del concierto “para enamorados”, etc. En otras palabras, el viajecito en autobús se convierte en un recorrido por lo que ya no tienes o nunca tendrás o algo así. Bien deprimente.

Lo peor es en lo que se refiere al sexo. Aquí, la gente aparenta que está haciéndolo a cada instante. En cada esqiuna hay una señal de eso, está en el periódico, en las paredes, en los anuncios, en el aire. Ahora te pones más que deprimido: te sientes como tierra. (No sé cómo se siente la tierra, pero en este país la tierra no debe sentirse muy bien. Al menos que sea tierra del Yunque. Esa debe sentirse cool.)

Ante tantas señales, ¿qué hacer? Yo creo que uno tiene dos opciones: o ponerse triste o adoptar la actitud de “pues… así es la vida”.

Hoy día hay un sin número de artículos, páginas de Internet, libros, terapistas, segmentos radiales y programas de televisión con el mismo mensaje: el amor existe, el sexo es importante. Nosotros, quienes consumimos todos esos mensajes, nos creemos el cuento. Cuando terminamos una relación, aún conservamos la esperanza de que “la próxima vez” encontraremos el verdadero amor. Cuando pasamos mucho tiempo sin sexo lo aducimos a una “mala racha” y esperamos el día en que dicha racha culmine. Todo lo vemos como una señal de que “por ahí viene”: los artículos, los anuncios, lo que sea. Pero ¿qué pasa cuando nada pasa? ¿Hasta cuándo uno tiene que seguir esperanzado por las “señales” sólo hasta darse cuenta que son sólo humo y espejos?

A la gente que dice “el amor existe, el sexo es importante” me gustaría decirles “ajá… Y yo la tengo rubia”. No es que niegue la posibilidad de que para alguien eso ocurra, pero hay que ser sinceros: no le tocará a todo el mundo.

Yo por eso cada vez que cojo la guagua sólo le presto atención a mi iPod.

Luz,

P.

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