Los peos y los puertorriqueños

22 Sep

Los puertorriqueños y las puertorriqueñas se las guillan de limpios. A cada rato uno escucha por ahí:

— Ese Colón se puso a decir dis que los taínos eran unos vagos por estar todo el día metíos en el río, pero él no entendía que aquí nos bañamos mucho por el calor. Y como esos casi ni se bañaban…

Y, en cierta medida, eso es verdad. Mi experiencia durante el verano me comprobó que los boricuas no escatimamos en bañarnos, sobre todo cuando el gas pela. Pero eso NO significa que aquí no haya un problema de olor. Porque, si bien en este país no hay muchos problemas de higiene (excepto cuando llega el loquito del barrio a meterse a la guagua con la camisa llena de ollín y con un roto que se le ve la panza pelúa y con peste a bolsa de basura), en Puerto Rico hay un serio problema… Con los peos.

Hay que ser claro: la relación que tienen los puertorriqueños y las puertorriqueñas con los peos es, como diría mi antiguo profesor de física, directamente proporcional. Los peos son tema de risa, nos acompañan cuando vemos televisión y hay algunos que sienten orgullo al aprender a tirárselos escandalosamente. Es cierto que a veces la cuestión da risa (¿quién no ha estado en un road trip familiar a punto de sacarse los ojos del aburrimiento cuando alguien “rompe el hielo” tirándose un peíto y trae la felicidad?). Sin embargo, los/as puertorriqueños/as tienen un doctorado en tirarse peos donde sea y cuando sea, sin tomar en consideración ni las narices ni los almuerzos de los que están a su alrededor.

¿A quién no le ha pasado esto?:

• Están en un salón que (¡milagro! ¡milagro!) tiene aire acondicionado. De momento, se escucha un ‘pra’. Uno piensa: “bendito, pues se le escapó un peíto a alguien. Eso pasa”, y se aguanta la peste por solidaridad humana. A los tres minutos, se escucha un ‘prraaaaaa’. Seguido, un ‘pra’ ‘pra’ ‘pra’ ‘pra’ y, el ‘culpable’, se queda en la misma silla, como si nada hubiese pasado. ‘Praaaaaa’

• Están en la biblioteca y viene alguien a leer. Se levanta a ver un periódico y se escucha el ‘pra’ y la peste a venado podrido. En lo que camina a buscar el diccionario, el ‘pra’ ‘pra’ ‘pra’ ‘pra’. Coge el diccionario, va a la mesa y ‘pra’ ‘pra’ ‘pra’ ‘pra’. Se sienta a leer, y el ‘prrrrrrrraaaaaaaaaaa’. Pa colmo, se queda en la misma silla, como si nada hubiese pasado. ‘Praaaaa’.

¿Que a nadie más le ha pasado? ¿Que necesito una limpia?

Ayúdame, Dios mío.

P. +ra (pero no pera)

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