Feisbuk

20 Sep

Los cumpleaños son importantes para mí. Es un día en el que uno no siente culpa o remordimiento de esperar un poco de atención, de cariño y de reconocimiento. En mis años de adolescencia —y los primeros de mis 20s— celebrar tu cumpleaños significaba recibir llamadas, tarjetas de farmacia, bizcochitos y galletas. Sin embargo, el año pasado sólo me llamaron 3 personas. Sí, sólo 3. Y recibí 2 tarjetas. Sí, sólo 2. Esto tuvo como resultado la siguiente conversación:

Yo: A la verdad que no entiendo por qué a nadie se le ocurrió llamarme por teléfono hoy.

Persona X: ¿Cómo que no? No seas exagerá, porque sí te llamaron.

Yo: Ah, sí, tienes razón. 3 personas.

Persona X: Pero no te preocupes, que por facebook tienes un montón de felicitaciones.

Yo: ¿Ah?

Y resultó que era cierto: cuando me metí a mi FB vi que tenía felicitaciones hasta de personas que en mi vida había visto. Esto, más que alegrarme, me puso triste. ¿Acaso ya nadie tiene 3 minutos para marcar un número de teléfono y hablar con alguien, pero sí tiene más de 3 minutos para prender la compu, esperar que suba el sistema, meterse a Internet, ingresar en mi muro y escribir “feliz cumpleaños”?

Según FB tengo casi 200 amigos. Estos comparten su diario vivir, sus fotos, sus tristezas, sus alegrías, sus matrimonios, sus hijos y sus viajes conmigo. Todas sus nuevas aventuras aparecen en mi ventanita de entrada como restos arqueológicos digitales para yo comentar o, si tengo prisa, dale “like” (como mi FB está en castellano dice “me gusta / esto os gusta”). Y, de cierta manera, es divertido ver cómo se va desenvolviendo la vida de mis casi 200 amigos.

Pero, en general, FB me saca de quicio porque promueve las relaciones superficiales. Mucha gente, gracias al FB, se creen los protagonistas de su propio reality show, y deciden documentar su “interesante” vida a cada segúndo, subiendo fotos desde su celular y escribiendo qué es lo que hacen. El rol de uno es, simplemente, ser los espectadores de su vida, comentando la foto de la pizza que se comieron o contestando algún estatus (“es cierto”, “qué bueno”, “qué loca”). Y a eso es lo que se limita la relación de amistad: a un like cibernético de la foto del bebé gateando.

Llámenme “old fashion”, pero si una de mis amigas quiere que yo vea a su bebé gateando, pues que me invite a verlo, ¿no? Si una de mis amigos tiene una relación o acaba de salir de una, ¿por qué no nos encontramos en un lugar y hablamos? Pues no, ahora parece que 190 de mis amigos prefiere relacionarse conmigo desde la comodidad de su casa o celular, y ya. ¿Será que me tengo que peinar mejor para que me quieran en vivo? No sé.

Aunque quizás no sea culpa del FB. Creo que es la gente la que, poco a poco, va convirtiendo sus relaciones a unas muy superficiales.

No sé, pero la próxima vez espero que, en mi cumpleaños, me llamen. Ese día me desconecto.

Luz,

P.

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