El escenario perfecto / el sonido de la máquina de cortar grama

20 Sep

Me han dicho adiós muchas veces. Más de las que me han dicho hola. Muchas más de las que puedo contar. Pero dejando la gotita de zolof al lado, lo más que recuerdo de esas ocasiones no son las palabras finales o el sentimiento de tristeza: lo que recuerdo es el escenario que envolvió ese momento. Porque no hay nada como que te digan “adiós” al lado del baño de un Burguer King.

Gracias a la constante presencia de Televisa y 20 Century Fox, uno piensa que los momentos que marcan o que definen la vida de uno van a ocurrir dentro de una habitación con un balcón gigante con vista al mar o en un bosque frondoso acariciado por una lluvia ligera. Uno hasta piensa en una música de fondo: jazz suave, instrumental de guitarra, o algo de Luis Fonsi o Tommy Torres por aquello de apoyar a lo local. Todo es bonito y perfecto hasta que dejamos de proyectar la película mental y nos enfrentamos a la realidad.

Y la realidad es ésta: no, no hay música de fondo. No, no hay jardín solitario y acogedor. No hay cama con sábanas blancas de satín o un rancho abandonado alumbrado con velas. Porque, aunque esté el escenario perfecto, siempre estará el sonido de la máquina de cortar grama en el fondo.

Case in point:

1. Estás en una playa en Isla Verde con tu interés romántico de la semana, y entre sonido de las olas y el aroma a arena y sal… “Vaya, tipo, déjala respirar”

2. Estás en tu casa teniendo un episodio de pasión carnal y… Al vecino le da con soplar las hojas de la marquesina.

3. Estás dentro de un carro, escuchando música clásica y viendo la lluvia caer con tu pareja y… “Dios mío, pero esta cajera de KMart es una bruta. Me cobró la crema 2 veces”.

4. Estás diciendo “te voy a extrañar” cuando… “Señor, aléjese de la línea negra. Detrás de la línea negra.” “No, yo estoy detrás, no seas lucío”. “Señor, que detrás de la línea negra, le digo”. “A mí no me vengas con mierdas”.

Yo soy de las que trato de crear el clima adecuado para cada situación, siempre y cuando esté bajo mi control. Hay ocasiones en las que la parada de guagas de la AMA se convierte en el lugar perfecto para tener ese tipo de escena que cambia vidas. Pero casi nunca es así. Si yo pudiese haber escogido, hubiese dicho adiós en un cuarto de hotel o en mi rincón especial dentro del Jardín Botánico. Pero ese no era mi adiós, y si lo que motivo es una despedida con humo de las guagas y el sonido de muchas bocinas de fondo, so be it. Así voy reuniendo material para mi psiquiatra. O para hacer un blog.

Luz,

P.

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