La malta caliente

23 sep

La menstruación es como alimentar a un gato callejero: es annoying tenerlo y mantenerlo —sobre todo cuando uno no quiere tener attachment emocional con la criatura—, pero cuando no viene se le extraña. Lo sé porque por un tiempo estuve alimentando un gato callejero. Sí, también sé que no conozco cómo hacer analogías.

El punto es que la menstruación rejode pero es necesaria. Entonces, ¿qué se hace cuando empiezan a pasar las semanas y la dolorosa, la regla, el período, esos días del mes, etc. etc.?

Algún hombre que lea esto pensaría “bueno, ¿pero cuál es el issue? si tienen perse, está preñá. pero si por no way está preñá, pues que vaya al médico. duh”. Ningún duh.

Primero, que en este país no se puede ir al médico cada vez que a uno se le atrasa la menstruación porque el plan médico trililí de uno no da pa tanto. Además, está la doctrina de “pichea, que wisin las batea”. Como uno nunca sabe bien cómo funciona eso, es mejor ignorar y esperar a que baje. Porque en Puerto Rico podemos aprender de las células, del espacio, del área de los cuadrados, de poesía y de Freud. No obstante, hay que admitirlo: yo sé más de la Revolución francesa del siglo XIX que de mi propia vagina. Y no es por falta de interés o por problemas de aprendizaje, es porque, simplemente, es un hecho de la vida.

Sin embargo, al par de semanas sin nada de nada, uno entra en pánico. Piensa: “¿pero cómo puede ser? A menos que sea la próxima escogida de Dios o me haya preñao un extraterrestre en mi sueño, es imposible que esté preñá? ¿Qué hago?” Aquí entra al juego la sabiduría puertorriqueña, en la que con sus remedios médicos/naturales cura cualquier problema:

—Nena, eso es fácil: cómprate una malta —pero, ojo, QUE SEA CALIENTE— te la tomas y ya.

Yo no sé cómo a nadie no se le ocurre nunca, en un momento de desesperación, esta solución tan obvia. Porque está clínicamente comprobado que la malta caliente resuelve el issue. No hace falta ni médicos, ni pastillistas. Malta es la que hay.

Yo puedo apostar a que gran parte de las mujeres de este país han tomado malta caliente en su vida. Olvídate de la bandera, del sentimiento patrio o de la manteca: la malta es la que nos une.

Y, para mayor efecto, una vez me dijeron que hay que tomarse la malta caliente y saltar por toda la casa. La sabiduría puertorriqueña siempre a la vanguardia.

¿Te gusta la malta?

Luz,

P.

Una respuesta hacia “La malta caliente”

  1. La lengua de la verdad septiembre 23, 2010 a 2:55 pm #

    Ese es el remedio mas boricua/p que he visto en mi vida, Lo siento, P. pero eso no sirve, es como las toallas sanitarias que vienen para ‘cada dia’ del periodo, whatever that means, see? No sirve pa’ na, Bueno, te dejo voy a probar mi otro remedio, comer como una ostia, para que la panza resuelva ‘lo otro’, o sino siempre queda… Rezar ja ja ja ja XOXO

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